el círculo de selbst

"Per molt que sapies es molt mes lo que ignores"

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miércoles, mayo 01, 2013

Recuerdos escritos en un calendario perpetuo: ayer no era ayer


Tengo una percepción del tiempo, del paso del tiempo, difusa y arbitraria.
Me cuesta horrores situar algunos recuerdos en las hojas arrancadas de mi calendario.
Así que no hagáis caso si digo que hace 4 años de este flash que tuve ayer:

Me aventuré una vez más a salir sola pero con rumbo fijo. Por primera vez pisaba el Honky Tonk Blues Bar en el barrio de Sants para asistir a un concierto. Y por primera vez iba a escuchar a los hermanos de la maleta, por los que tenía cierta curiosidad y todavía no había tenido ocasión de ver en directo.
Un poco más adelante hablaré de ellos (paciencia, sólo unos 4 años más adelante…)

Recuerdo que allí coincidí con el señor S.F. al que seguramente ya conocía de algún encuentro anterior.

-       “¿Vamos luego a la jam?”

El señor S.F. y yo compartimos viaje en metro y fuimos a la jam session que por aquel entonces organizaba la SBB los domingos en la Sala Monasterio.
Desde aquel domingo que recuerdo otoñal como éste en el que escribo han pasado  ya muchos días y sobre todo muchas noches con todos sus condimentos y agravantes.

Fin del flash.

Ayer tarde volví al Honky a ver a los hermanos. A la segunda canción ya estaba  intentando disimular la emoción para  que ninguna mirada furtiva imaginara  que ya me había extralimitado con las cervezas.  Su música es básicamente de verdad. La técnica, el trabajo y el virtuosismo al servicio de la música. Una vez más fue una demostración de buen gusto y de estima por el blues.

El escenario es un lugar extraño. Cualquier escenario es irremediablemente teatral como marco de interpretación, de representación. El talento reside en saber traspasar ese marco para resultar auténtico. Curiosa paradoja.


Estas líneas no son una crónica de un concierto, ni una crítica ni nada que se le parezca. Es un comentario, una opinión sobre una manera de vivir y sentir la música y de hacérsela llegar al público.

Sentada en un banco alto con la espalda apoyada en la barra  recordé aquella tarde hacía unos cuatro años. Me di cuenta de por qué voy a los bares que voy, de por qué tengo los amigos, conocidos y cómplices que tengo, y de por qué el blues se ha convertido en una banda sonora a la que resulta difícil bajarle el volumen.