Blues, blues, blues...


No conservo el recuerdo claro de mi primer encuentro con el blues. Había escuchado a B.B.King colaborando en el Rattle and Hum de U2. Tenía un par de cintas recopilatorias que compré de oferta en El Corte Inglés, y por allí sonaban Katie Webster, Koko Taylor... Mi padre tenía música de The Rolling Stones, Ray Charles y Aretha Franklin en casa. También me gustaban y me gustan otras músicas: rock, pop, soul, gospel.... Y el blues se fue diluyendo en el espejismo de una vida cómoda aunque frágil.

Recuerdo perfectamente la segunda vez que me requirió el blues. O mejor, que yo fui hacia él como una sonámbula. A menudo intento rebatir el prejuicio de que el blues es siempre triste. Pero la verdad es que el día en que volví al blues algo me desgarraba por dentro. Por suerte las heridas acaban haciéndote más fuerte. Se van curando y ahora observo mis cicatrices, para recordar que es una época genial para seguir tocando blues con el bagaje de lo vivido y la gratitud por la gente y los buenos momentos que la música me ha dado.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
¡Amén! ¡Me alegró verte el sábado pasado! Tengo fotos de la gran noche liniera, con sus frikis, y demás...
¡A pasarlo bien! ¡Un besazo!
Bruja
eso verde ha dicho que…
yo voy
miriam ha dicho que…
Ande vas tú...??



Sigues siendo inescrutable incluso para mí.

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