el círculo de selbst

"Per molt que sapies es molt mes lo que ignores"

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domingo, abril 20, 2008

Soham, Bernini y el poeta loco

El poeta loco
Encuentro a menudo, sin buscarlos, los escritos de la psicóloga y escritora Remei Margarit en La Vanguardia.
Transcribo uno de ellos:
"Hace un par de días, por la calle me crucé con un hombre de
los llamados sin techo. Se acercó a mí y me dijo: "En ese mundo loco, ¿quiere
oír a un poeta loco?". Le contesté que sí y me paré a escucharlo. No me dijo
más, y de una pequeña carpeta sacó unas fotocopias de pequeños papeles escritos
a mano en los que había un poema en cada uno. Los cogí y leí con atención. Les
transcribo uno de ellos: "Recuerda los buenos momentos con una sonrisa /
rememora los malos como experiencias. / Silencia los que no fueron, ni lo uno,
ni lo otro, ni buenos ni malos, porque esos, / esos se los lleva el viento
/ esos serán olvidados."
Y firmaba Duende. Lo miré con más atención y no podría decir
ni la edad que tenía, entre cincuenta y sesenta tal vez, quizás menos, porque
los harapos y la mugre cubrían por entero su cuerpo, incluso la piel de sus
manos estaba oscurecida por la suciedad, pero las palabras de sus poemas eran
como un aire fresco, vivo, sin rencor ni amargura. Le pregunté qué quería por
ellos y me dijo que la gente le daba lo que quería. Le di una moneda y las
gracias por haberlos escrito.
Y me quedé con la impresión de que el alma nos habita, se
expresa, cuando puede, sea en la circunstancia que sea y en las condiciones que
se den. En otras palabras, al alma no le alcanzan la mugre ni la miseria. Y si
ello es así, y creo que lo es, cuántas personas, cobijando su alma, se
encuentran en situaciones en las que no pueden expresar en palabras lo que
sienten. Son personas doblemente castigadas, por las circunstancias que les han
llevado a una vida mísera y también por la imposibilidad de hacerse oír.
En esta sociedad opulenta en la que vivimos, y en la que el
culto a la apariencia llega a unos extremos de idolatría, en esa clase de
estupidez pensamos que somos alguien porque pisamos fuerte y vestimos de marca y
tenemos el móvil de última generación. Como si todo ello tuviera que ver con uno
mismo.
Qué poco caso le hacemos al alma; ya sé que hay personas que
niegan su existencia y prefieren explicarla como circuitos neuronales, da igual
como se diga, el alma o lo que sea, está ahí con o sin harapos."
Una tarde de esas mis tardes tontas, saliendo de casa de mis padres, yo también me encontré con el poeta loco. Posiblemente si lo hubiera encontrado en otro barrio ni siquiera hubiera atendido a su saludo, por el miedo ignorante que causa lo desconocido. Pero en la calle donde crecí me sentí segura y me paré a escucharlo. Me contó, con el orgullo de un superviviente, que en dos días cumplía 50 años, creo recordar... Que prefería salir de la zona del Raval hacia otras más tranquilas para encontrar a otros tipos de gente, que el Raval ya no es lo que era. El Duende me dio 3 poemas, uno se lo di a Soham. Pero sobre todo, el breve encuentro con este poeta callejero fue una golosina en una tarde de domingo que no daba más de sí. Nunca sabes cuando la vida te va a invitar a caramelos...
Como Remei, yo también le agradecí al Duende sus poemas. Aunque en el fondo lo que le agradecí es que con unas pocas palabras, su actitud y su mirada zarandeara dulcemente mi ánimo que, a veces, egoísta, se atreve a doblegarse, en vez de mirar hacia adelante, sonreir y seguir caminando.