Lo que eres
me distrae de lo que dices.

Lanzas palabras veloces,
empavesadas de risas,
invitándome
a ir adonde ellas me lleven.
No te atiendo, no las sigo:
estoy mirando
los labios donde nacieron.

Miras de pronto a lo lejos.
Clavas la mirada allí,
no sé en qué, y se te dispara
a buscarla ya tu alma
afilada, de saeta.
Yo no miro adonde miras:
yo te estoy viendo mirar.

(...)

Pedro Salinas (1891-1951)

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